jueves 21 de enero de 2010

Caza no precisamente perdida


La obra poética de Aramís Quintero (Matanzas, 1948), que ha merecido en dos ocasiones el Premio de la Crítica, incluye, entre otros títulos, Diálogos (Letras Cubanas, 1991), Una forma de hablar (Ediciones Unión, 1986), Cálida forma (Letras Cubanas, 1987), La sal estricta (Ediciones Unión, 1996)...
Estos textos pertenecen a Caza perdida (Ediciones Unión, 2006), “poesía que manifiesta la madurez in crescendo de su creador, por el dominio de la palabra y el tratamiento de las imágenes, tomadas fundamentalmente de la literatura clásica griega, que sirven de vehículo tropológico a las profundas reflexiones del poeta sobre la historia y el entorno contemporáneo...”

Los argonautas


Las cataratas braman
en la noche. A lo lejos.
O cerca (No sabemos.)
A ellas vamos, y vienen
a nosotros. Si caemos
y este mundo es redondo,
acaso nos alcemos
hacia un agua más clara.
Todos temen —temamos—
y esperan —esperemos.
A la trémula nave
los cordajes le avisan
que hay peligro en el viento.
(A nosotros los huesos.)
Ni astrolabio ni brújula:
amarrada en el mástil,
la Polar. Si caemos,
será siempre en la ruta
de El Dorado —oro viejo.
Si este mar se acabara,
con el mar nos iremos,
la Polar amarrada
en el mástil. Veremos
si Argos flota o naufraga.
Lleva ya el vellocino
de plomo. Lo sabemos.
Lo demás lo ignoramos.
Todos temen —temamos—
y esperan. Esperemos .

-

Ahab


Aguafuerte del mar, un horizonte
más allá de la mole inevitable de la bestia
(estampa que un niño podría dibujar
con un creyón en su cuaderno),
tan firme, tan real como un delirio.
Un delirio recurrente y antiguo, como Ahab.

El agua era sustancia de horizonte, y la nave
esperaba por él desde el principio, y la tripulación,
ese fantasma múltiple, vería reducidas
todas sus miserias y virtudes a una sola: ser llevada
hacia allá.
La bestia, en el camino,
alzaba del mar su cola nítida,
lanzaba un chorro nítido a las nubes.
Su nítido fantasma
era la puerta misma de la Gloria, en figura de monstruo.
Bestia y Horizonte fulguraban
como Cástor y Pólux.

Pero es la incierta índole del agua
lo que hace reales e irreales las naves
y a las tripulaciones de las naves.
El agua que se abría límpida y dócil
y reflejó la faz gloriosa del mascarón de proa, y los ojos
soñadores de Ahab, se volvió turbia y dura.
No barre la cubierta, no se alza
contra el raído velamen: es sólo turbia, dura,
como miles de cuerpos tendidos por delante.

Tablas medio podridas,
maniobras de rutina torpes e inútiles,
borracheras abajo, en la bodega.
No estalla una tormenta
que hunda la nave o la arroje quién sabe dónde.
Y no salta en astillas a un coletazo de la bestia,
que descansa en el fondo, paciente y complacida
con el olor a podredumbre.

Ofendido y amargo, Ahab clava sus ojos allá delante,
en el vacío.

-

El desierto


Si los años le alcanza, el desierto
hace su propia criatura.
Confundida en la arena, no se mueve
sino para arrancar algún yerbajo
de entre las piedras, y ovillarse
junto a una duna, mínimo refugio
del sol, del frío nocturno, del látigo del viento
que levanta torbellinos de arena.
Las estrellas son mudas, la criatura del páramo
no escucha más que el viento en las dunas,
alguna alimaña entre las piedras.
No padece espejismos.
Ni siquiera imagina el espejismo
de ir en alguna dirección. No la aterran
sus propias huellas siempre en círculos.

¿Y si ese vasto páramo
fuese un vasto espejismo?
¿Si tuviera una falla, una fisura,
si se quebrara en mil pedazos irreales
y dejara a la vista otro espejismo?
La criatura del páramo comenzaría
a caminar en una dirección, y no en círculos.
Tendría quizás este espejismo.
-

domingo 3 de enero de 2010

Consumación de la poesía


La copiosa producción del poeta Ronel González Sánchez (San Pedro de Cacocum, 1971) ha sido ampliamente divulgada y premiada. Entre los libros publicados vale resaltar Desterrado de asombros (Letras Cubanas, 1997), Zona franca (Ediciones La Luz, 1998), La furiosa eternidad (2000), El Arca de no sé (Editorial Oriente, 2001), Consumación de la utopía (Ediciones Unión, 2005), Atormentado de sentido (Ediciones Sanlope, 2007)...

Consumación de la utopía, al que pertenecen los sonetos con que ilustro esa obra, comienza con esta elocuente y acaso inmejorable definición de su poética:

A Cintio y Fina

Yo quisiera escribir un soneto tranquilo
que no se pareciera a un texto de Petrarca.
Un soneto sin título donde no esté la marca
sensible de Casal o trágica de Esquilo.

Yo quisiera dejar un monumento al filo
de la posteridad que mi silencio abarca
y reparte mi nombre por la trivial comarca
de lo que no trasciende los moldes y el estilo.

Pero en mi soledad se interpone algún lunes
retórico y me afectan los lugares comunes,
la armonía, la métrica, la primera persona

del singular; en fin, me ahoga la teoría.
Escribir un soneto distinto me desvía
de la sinceridad, y el verso no perdona.

(Poética)

-

Estos otros poemas son una pequeña muestra de ese amplio mundo temático del que sabiamente se alimenta, se pertrecha el poeta, a todas luces listo para “vencer el desamparo” con el que el soneto, la décima, o cualquier forma poética —o no tanto— pueda presentarse.

El texto entre paréntesis indica la sección del libro al que pertenecen.

En mi ciudad

En mi ciudad hay un portón que cruje
con místico pudor y un niño ciego
queriendo abrir los ojos con un ruego
a cierto dios hostil que a veces ruge
para no responder. Detrás, al fondo,
muere en la soledad de claustrofobia
una visible música que agobia
hasta desesperar. En lo más hondo
un laberinto de acendrados muros
predice que vendrán males futuros
con túnicas y espadas de Teseo.
Y más al centro del daguerrotipo
Alguien quiso poner el arquetipo
de la bondad, pero yo no lo veo.

(Apuntes del viaje sin retorno)

-

Al pequeño

Pequeño: la aventura se termina
en el comienzo. No me toques. Vete.
El sueño que has perdido te somete
a la tribulación. Ya es tarde. Fina
como la nieve estoy en la colina
dejándome llevar por el grumete
que no eres tú ni la pobreza. Vete,
por favor. No soporto la neblina
de esta tarde ridícula que azota
mi mejilla sin luz como una gota
oscura. El hombre es una sombra huraña,
un aprendiz, un clown, un intruso
que se arriesga a mentir. Adiós, iluso
bufón, quédate solo en tu cabaña.

(En mi oscura cabaña)

-

Cuestión de enfoque

Los más débiles triunfan si la historia
es David quien la narra —pienso a veces
cuando escucho el relato de los peces
más grandes—, porque sólo de la “gloria”
de los vencidos, nace en la memoria
la vocación nefasta de los jueces
con sus fábulas llenas de dobleces
según gire la rueda de la noria.
Los más débiles son cuentos de Esopo
donde siempre el conflicto es como un tropo
de las nobles y humildes cualidades.
La realidad es otra, más depende
de quién la juzga y cómo se pretende
mostrar o no sus lógicas verdades.

(La agonía de Sísifo)

domingo 15 de noviembre de 2009

Carbones silvestres


La poetisa, traductora y ensayista Nancy Morejón, (La Habana, 1944), publicó su primer libro en 1962. Unas cuatro décadas después, en 2001, y tras haber recibido importantes condecoraciones como el Premio de la Crítica en tres ocasiones, le fue otorgado el Premio Nacional de Literatura.

Entre sus libros se destacan: Richard trajo su flauta y otros argumentos (1967), Piedra pulida (1986), Cuerda veloz (2002), La Quinta de los Molinos (2000).

Su obra ha sido también reconocida en diversas partes del mundo.

Barajas

Para Lorena García Buch y su hija Leyda Lombard

La primera vez cae en espiral

desde un soplo del cielo.

Oh cielo de las lluvias entrecortadas

cayendo así sobre la flecha tosca de la reja

cuya ventana espera la llegada de un hada madrina.

Su sonido es casi el llanto de un recién nacido.

Tanta sorpresa se agita en su copa de bastos.

Tanta alegría y tanto dolor secreto,

casi escondido en sus bordes de oro,

entre el fondo de un ánfora y el parabán chino de la sala.

-

Desconfigurado

Para Víctor Manuel, que me ayudó a configurarlo

Yo como una ópera fabulosa

a las puertas de un teatro del Prado

que no es el Alambra sino el Diorama

de los cafés hirvientes de humo y modistillas sin destino

entrando como yo

a la rueda rueda

de su vida y mi vida como un gato

que se suelta en una ventana dormida

por eso

hoy los mares entran y salen de mis sienes y se vuelven

a aplicar y a aplicar en este teclado sueco

ya con destino vulnerable y mudo

sobre la cola de un delfín mojado

que lanzamos el pequeño príncipe Víctor Manuel y yo

al frente frío frío frío

que nos desmantela como un ciclón en septiembre.

-

Mississippi

A la memoria de Nicolás Guillén

La serpiente de agua repta y se mece.

Con su cuerpo de hamaca, bamboleándose.

Carabelas, fantasmas, pieles quemadas

van dibujados sobre las hojas de los sauces.

La serpiente de agua

junto a los sauces.

La serpiente de agua.

La serpiente de agua va alzando su cabeza

con una lengua bípeda y milenaria.

Un pedazo de lengua cae en el Golfo.

El otro, devorando cientos de barcas.

La serpiente agua

entre los sauces.

La serpiente de agua.

La serpiente de agua crece y avanza

y va abriendo sus fauces

impenitentes, pálidas, voraces,

sus anillos dorados, su vaivén implacable.

La serpiente de agua

junto a los sauces.

La serpiente de agua.

2002

-

Lago Waban (fragmento)

I

El árbol frente a mí

ayer apenas tenía un cuerpo

oscuro.

Unas horas de agua

bajo el cielo

y ya sus ramas

van abriéndose

como brazos desnudos

hacia todos los sitios,

hacia todos los signos

como niños mojados

suspendidos en el espacio

como esas hojas simples

que arman una corona verde

por los aires.

En el centro está el tronco,

amable y amarillo,

despojado de luces y de rayos,

balanceándose

siempre desnudo,

húmedo todavía

en espera quizás de nuevas aguas

o de otra nueva desnudez

que aquí llaman otoño.

-


Filosofía de los ratos

Para Lenita, para Edith

Viene en bandadas el agua

como las golondrinas al final de mayo.

Un aguacero viene enseguida

como las golondrinas

ya entrando el mes de junio.

El agua errante calma la sed y los olores incalculables.

Marina alza su cabeza

por encima de las barandas

y un aro ámbar corona sus sienes

frente a una quieta alameda florida.

Es un domingo de visitas sin fin,

de cornetín dormido

sobre la flauta de los panes.

Marina aplaude el concierto perfecto

de una de sus nietas al piano.

Las notas del vals suben, suben y suben,

enredadas entre las tunas verdes que están

sembradas en cazuelas gigantes,

su fondo ennegrecido por un humo asombrado,

sin un asa añorada que lo pudiera acompañar.

El alma de las cazuelas baila su vals

doliente

a la sombra del ámbar

y estos ratos de espuma y terciopelo

que llegan como aguas torrenciales

sin voz y sin destino,

o como golondrinas asustadas,

prematuras y hermosas,

llegadas de una estación final

que transcurre, volátil,

ante el encanto de los veleros.

-

La ilustración de la cubierta es de Eduardo Roca (Choco).


miércoles 21 de octubre de 2009

Duendes que nos habitan


Carlos Jesús García (Holguín, 1950) es poeta y hombre de teatro. Su obra, en ambos géneros, ha sido reconocida más de una vez en varias instancias. Actualmente desempeña funciones relevantes en la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) y la Fundación “Nicolás Guillén” en su provincia. Es, además, profesor.
Ha publicado media docena de libros, entre los que vale destacar Toto de los espíritus (Teatro, Premio David 1977), Ediciones Unión, Ciudad de la Habana, 1978; Los duendes que me habitan (Poesía, Premio de la Ciudad 1988), Ediciones Holguín, 1988; Jugando a sí mismo (Teatro, Premio de la Ciudad 1989) Ediciones Holguín, 1989; Sonata del Ángel (Poesía y Teatro) Ediciones Holguín, 2005.
Estos poemas pertenecen a Los duendes que me habitan.

POETA

Para Paco García Benítez

Cuando se desvanecía la tarde
Detrás de la montaña
Una nube le recordó el papalote
Blanco
Sereno


Después se hizo la oscuridad
Y el poeta
Tanteando entre luciérnagas
Pasado el ansia de luz
Sintió por primera vez
El tiempo a sus espaldas

Dice que esta calle gastada
A paso de caminante nocturno
Conoce los secretos del viajero
Sabe el lenguaje
Y la nostalgia del que se aleja

Dice que la desandaba
Sin apuro por la lluvia
con la esperanza de alcanzar el horizonte

Dice
Que nos temblaba la lengua
Que a pesar de las huellas
De la marcha larga
Todavía nuestra espalda
Era una combadura hacia la tierra

Pero él sabía
Que una mañana
Nos levantaríamos
Con el brillo
De los nuevos caminos

Cuenta que en su tiempo
Alguien dijo
Basta de peticiones
Que cada cual haga con su dedo
El más grande círculo
En torno a las estrellas

Mas no bastó el dedo
Ni la mano
Ni las dos
Y comenzó un gran círculo entre todos

Quizás una noche
Cuando el poeta se detuvo ante su puerta
No tuvo fuerzas para llamar
Quizás su puerta
Ya no era su puerta
Ni él estaba parado frente a ella
-
VERÓNICA


Para Nuria

Hubo un largo camino
Que te vio desaparecer
Pero ahora en el mismo lugar
Hay una inmensa avenida

Quizás en estos momentos
No estés mirando desde muy lejos
O es posible que viajes
En un largo tren

Quién sabe si vas en un barco
Rompiendo el horizonte
O acaso estás muy cerca
Esperando la oportunidad
Para taparnos los ojos
De repente

Verónica
La muerte
Es una lenta lira
Que toca a cada puerta
No obstante
Nos encontraremos
Bajo cualquier lejana luz de la ciudad

Qué pasaría si Verónica llegara ahora

Verónica viene
Con los labios cuarteados
Y las manos sucias

Verónica
Hoy perdí mi libro
Ya no sé nada de las cosas tristes
-

DESPEDIDA (fragmento)

Para la muchacha que zarpó hacia Odesa
2


Las aguas te cogerán
Entre rémoras
En su laberinto de estrellas y corales
Lejos habrán quedado los rompientes
La furia de las olas en la costa

Descenderás con la bajamar
y después la pleamar ascenderá tu cuerpo
Y recordarás el último beso
Cuando descubras el pañuelo
Que escapó de tu mano
Y un caballo de coral como de fuego
Guardianes del amor a través del océano

Sucederá entonces la claridad ante mis ojos
En el preciso instante
En que estarás envuelta en la penumbra
Seremos moradores de hemisferios lejanos
Y cuando tú amanezcas
Yo estaré anocheciendo
Luego se hará la vida en esta latitud
Y el barco en que navegas
Será fantasma solitario
En la inmensa negrura
-

ENTRE EL POLO Y LOS ASTROS
Entre el polvo y los astros
El soldado
Es el silencio
Atrás el monte
A un lado las palmas
Acá el mar
Que repite el profundo sonido de sus aguas
Y contra el litoral se deshace en espuma
Lejano rumor de antiguas latitudes

El soldado
Tensos los músculos
Registra el crujido de las hojas
El graznido de un ave
Que echa a volar súbitamente
Y deja un temblor de plumas en la noche
-
 
BlogBlogs.Com.Br