sábado, 23 de agosto de 2008

La sal de los espejos

René Hechavarría Lara nació en La Habana en 1971. La sal de los espejos, su primer libro, ganó el Premio Calendario y fue publicado en 1999 por Ediciones Abril.
El jurado que le otorgó la distinción, integrado por los poetas Reina María Rodríguez, Alberto Acosta-Pérez y César López, dejó constancia de su decisión en estos términos:
“La sal de los espejos: rostros marchitos por el olvido, heridas de amor, muecas de inconformidad y rebeldía; esa cara de nosotros mismos y el mundo que algunos prefieren callar es expresada por el poeta en versos que por su musicalidad nos recuerdan canciones; titulares de periódicos por el dominio de la síntesis y el tono informativo; o ingeniosos juegos de palabras por el retozo casi constante entre vocablos y conceptos.”
La ilustración de la portada es del también poeta Sigfredo Ariel.
Incluyo el poema que comienza el libro y el que lo cierra, en ese orden.
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Venus metida en mi cama
sin brazos
alguien con un paraguas pronostica lluvias.
Alicia con su cabecita gacha
regresaba del agujero
bajo el brazo traía un montón de anuncios
país de maravillas.
Alguien con un periódico pronostica bajas
bolsa de valores
decididamente
la nuestra no era wall street
Tokio aquí no representaba nada.
Dibujo una ventana sobre la pared
la luz comienza a penetrar
lentamente
amanece en mi cuarto.
Venus sigue echada
sobre el blanco desorden de la cama
imagino un desayuno
lo terminamos sin palabras
mañana te acompaño a la galería
hablo sobre la marcha
Alicia me arrastra
alguien que come pronostica hambre
vigila de lejos
el agujero
bajo el brazo esconde un montón de anuncios
país de maravillas.
Abril, 1995

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He ganado
recojo la sal de los espejos
antes temía
temía los empleos
temía las religiones
temía la noche y la inundación
negra
antes huía del atardecer
volcando al suelo
los caballos las reinas
zarpaba
barquitos de papel a la deriva
hacia cualquier amanecer
cualquier pedazo
pedazo de tierra pedazo de espacio
dejando atrás el diccionario
el infinito
cubriéndome de velas
de cabos
atando aquí allá
temiendo
el naufragio El Naufragio.
Hoy siento haber ganado
tirando la flecha
allí
donde nadie apunta
nadie el público
nadie los árbitros los comisarios
recojo la sal los cristales
en los espejos la huella
huella de todo cuanto temía
todo lo que temo
cuanto tenía
la huella la sal
al final he ganado
un miedo
una huella de sal
el espejo.
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