
Teresa Fornaris, en Cuba Literaria, se refería al poeta en estos términos:
“Ismael observa sus / mis / tus palabras. Ellas dan vueltas y él las caza con el cuidado de un coleccionista, las limpia, cuida de ellas un rato largo y las coloca a modo que pensemos / sintamos que son de absoluto estreno pero que igual nos pertenecen. Ese cuidado/acoplamiento nos asombra.
A partir del contacto con la vida cotidiana descubre el valor lírico de la marginalidad, la poesía en lo común de la existencia, en lo aparentemente trivial o intrascendente, en aquello que no parecía «poetizable».”
Los siguientes textos pertenecen a Mercados verdaderos.
Casa mayor que la imagen
Mi casa es más grande que la imagen;
no sólo la que tengo entre los roquedales,
la de las venas y las vísceras
rojas y maleables,
sino también
la del desdén / casa del fil
y algunos dulces.
Nada va a cambiar porque me vaya
un poco antes o después:
cada día
los hombres nacen con una cigarra.
O con mal.
Perseguir alguna libertad es darse cuenta
de que siempre habrá una franja:
escogí la calma / lento plátano,
diva cargada que obedece
—me obedece a mí— y que me quiere.
Mi casa es y tú no eres. Nadie sabrá. Es mía.
Y tiene algún camión, muy fuerte, para subir
hacia todas las funciones.
-
Edificios
No sé si con la construcción de los distintos edificios
mi amor será más grande,
ni el pecado. Los edificios crecen,
y yo, que estoy con sus proyectos hasta el fin,
miro al cielo y al río,
y me pierdo hacia el cielo / no me pierdo hacia el río.
Si estos edificios se burlaran,
si todos —fascículos / durrens— se burlaran
yo sería un aguador sencillo
que pescara en las nubes
la centuria esencial de los peces del hombre
y el candor
y la velocidad del tiro.
Edificios no me tienen que intuir /
Yo no tengo que influir al mundo.
Créeme, cacé toda la noche
y no hubo santos / cascos, ni dedal.
-
Familiaridad
Vi a mi hermano y a su padre
acostados
en la cama principal,
y a su madre —que es la mía /
fue la mía— laborando.
Vi en la calle a sus vecinos jóvenes,
y a su amigo de un motor
que saludaba rápido;
y la mano delicada de una cónyuge
con familiaridad.
Vi a un pájaro picando
en el suelo una naranja
—Viste al pueblo —dijo Juan;
y, asintiendo, dije: —Vi.
-
Mirar y mirar por la ventana
uno come su pan e ignora al Atacante
No tengo idea de nada
sino del amor que perdí
y no se encuentra
También de la música, sé que es la música;
pero esto no hace
que abandone mirar y mirar por la ventana.
He escrito la frase “mirar y mirar por la ventana”;
pero antes —recuerdo— la ventana era yo,
y el azul del cielo.
Y viajaba en las noches...
y volvía y decía a mi madre:
“He traído un país / El país tiene actores
de esos
que te harían ollantar /
Lo que se proponen sé / Sé que se proponen, madre:
pregúntame ya.”
Escribí la palabra ollantar
sin saber lo que es,
porque sí creo saber lo que pudiera ser;
de hecho, lo que cualquier cosa
en un tiempo adelante
tuviera conversión
es de los Dominios...
No haría falta ser
la ventana para ello,
y a mi mamá en modo alguno
se le hubiera ocurrido preguntar
por lo Por-venir /
ella es la nube ella es el cielo.
-

No hay comentarios:
Publicar un comentario