domingo, 15 de julio de 2007

Razones del que aguarda


Gleyvis Coro Montanet (Pinar del Río, 1974), ha publicado ya cuatro poemarios. El último, Aguardando al guardabosque (2006), es, según ella misma, “un cuaderno con una calma tremenda y una rebeldía juguetona y astuta, donde lo uno lleva a lo otro, aunque parezca contradictorio. Es un texto en el que dije todo lo que quise sobre lo femenino y lo erótico y si decirlo todo en poesía es difícil —porque te sometes a los códigos de la sonoridad y a la tentación de embarrar de belleza la frase exacta—, contar los problemas universales, históricos e íntimos de la mujer, desde la calma, es un ejercicio de madurez social, espiritual y creativo. Por eso me complace tanto este librito que defiende mi condición de mujer”.
Poesía limpia la de Coro Montanet. Irónica en la medida cierta. Provocadora siempre.

La forma del tiempo
Todas las tardes, a las siete,
hago que hablo con mi marido.
Hago que le comento cualquier cosa o le pregunto.
Imito con los labios temas
de conversación de las parejas.
Pronuncio frases de amor y me convenzo
de que además de relación hago ejercicios
que fortalecen los músculos de la cara y me acercan
a la grata letanía del matrimonio.
De modo que la cosa espiritual también funciona.
Y mi marido sonríe cuando me escucha,
aunque no dice nada. Debe ser por mí
que sonríe mientras lee la prensa.
Ante noticias cada vez peores
habría que ser malvado o irónico para sonreír
y mi marido no da muestras
de ninguna de estas dos condiciones.
Tampoco me dice nada cuando me ve desnuda,
aunque piense lo peor no me lo dice.
Esto me ayuda a suponer que me ama.

Donde explico mi brusca transición de un marido a otro

Mi futuro esposo y mi madre se parecen.
Lo lógico sería que mi futuro esposo fuera como mi padre.
Fue así con mi primer esposo,
pero no tuvimos éxito.
A mi futuro esposo lo elegí porque nunca me pedirá
que yo sea como mi madre.
A mi primer esposo lo rechacé
porque quería que yo fuera mi madre.
A mi padre no le gusta el blando tono de voz
de mi futuro esposo y obliga a mi madre a decir:
a mí tampoco me gusta.
En realidad mi madre no le da importancia
a los tonos de voz de la gente;
si pudiera pedir algo pediría
un abrazo de cualquiera.
A mi padre no le preocupa
la necesidad de abrazos de mi madre.


Amos míos son todos los hombres

Amos míos son todos los hombres,
pero más aquel para quien no existe
verso que junte, ni de forma intermitente,
lo real con su idea.
Lo juro por la válvula
de mi olla de hacer mejunjes:
a mi ver son todos excepcionales,
pero ninguno es tan mi amo
como el que conoce que asociar el vuelo
de la palabra mariposa
con la mariposa verdadera,
aún no es poesía.


Paraísos artificiales o donde digo
la literatura no lo es todo


Me aterran el hachís, la cocaína,
el humo del café con sueño adjunto,
el párrafo, la coma y luego el punto,
Lorca, Borges y Proust, la disciplina,
de esconder levemente el lado flaco
en la máscara burda y necesaria
de una suerte o pandilla literaria
que nombra lo anormal paradisiaco.

Pues temo que estas páginas filosas
me pongan vieja sin haber vivido
la suave infinitud de las esposas
y así, del libro al librium, sin libido,
enajenarme con decir tres cosas,
que a fin de cuentas, borrará el olvido.

domingo, 1 de julio de 2007

Memorias de la fiesta

Gastón Álvaro (Bayamo, 1939), ha publicado, entre otros, los poemarios Montaje de universos (Ego Group Inc., Miami, Florida, 2005), El diablo vencido (Distal USA Inc., Aventura, Florida, 2004), El acróbata desnudo (2000) y Texturas (1997), ambos editados por Versal Editorial Group, Inc., (Andover, Massachussets).
Las palabras que introducen Texturas, (finalista del Premio Vellocino de Oro, Boston, 1997), son extraordinariamente fieles al mundo del poeta. Las reproduzco casi íntegramente aquí:
“Vamos a tocar la piel del mundo en estos poemas que navegan, centrífugos, hacia un punto no visible —mas soñado— del horizonte: metáforas de pincelada fuerte y trazo certero, imágenes claroscuras, epítetos surrealistas, alegorías barrocas y una amalgama de coloridas y táctiles sensualidades que van dando a estas Texturas una dimensión pictóricamente poética y mágicamente multiforme [...] Un poemario indócil, de vibrante voz.”
Estos brevísimos, intensos poemas son de ese libro-fiesta-sin-fin-de-la-palabra.
ASOMBRO
Estoy en la casa
de la que tengo llave,
a la que siempre llevan
senderos rumbosos.
De pronto en otra casa;
imagen sin aviso.
Todo dentro, de pronto.

PIE DE PÁGINA

Ese ojo neto
traspasa elipses
y culmina
luz.
Lo que enajena
le otorga imperio,
colorido viaje.
Y miran más, orfebre de pares,
y el de atrás de la yunta
que pule otra manera
dentro del ebanista.

EPÍLOGO
Primero la oquedad.
Al romperse el espejo, veloz
huyó la imagen.
Después la luz,
¡todo se disolvía
en ciega
masa densa!
Mas éstas son memorias
de lo que allí
se borra.

La fotografía de la cubierta es del artista cubano Juan Carlos Alom.

sábado, 16 de junio de 2007

¿Finalmente nadie?

Foto: Guillermo Aldaya
Kiuder Yero Torres (Santiago de Cuba, 1977), es ingeniero mecánico. Su obra, en plena formación, ya ha sido reconocida y publicada (incluso internacionalmente) en más de una oportunidad. Holguinero de corazón (léase de dudas, de angustias, de reafirmaciones,...), no es exactamente Nadie. Según él, y esto tendremos que admitirlo, está ‘a salvo de la palabra no dicha’; las que dijo, no obstante, forman ‘una isla llena de horizontes’, un laberinto que ojalá sientan ustedes, como yo, deseos de recorrer. Algo que, en mi opinión, y por respeto a dioses desesperanzados y ángeles de carnaval, y otras piedras con que se tropieza irremediablemente en el trayecto, tiene que hacerse, como mínimo, descalzo.

FINALMENTE

Estoy a salvo
mirando como se hunden los recuerdos
el mástil exánime de la inocencia
en el silencio absurdamente silencio
hasta la mudez el pánico hasta la locura
excomulgando las cavilaciones
sin poder encender un cigarrillo
y sufrir estas hojas desiertas de asombros
donde la noche espera
para suicidarse en este borde del mundo.

Lleno de dudas y reafirmaciones
estoy a salvo de la palabra no dicha
donde la conciencia espera
donde todos y todo espera
a que finalmente abra mis alas
y salga de esta hoja de laberinto y muerte
en dirección al sol como un hilo de sangre
inalterable.

NADIE

sobrevive después de tantas horas
en la cubierta de la noche.

Nadie es perseguido por las culpas
por los viejos fantasmas
que vuelven con las estaciones. Quizás
debamos construir un puente
hasta la incoherencia
y olvidar las agonías del pasado
y olvidar las luces del pasado.
Ya nada importa en esta hosquedad
con más de una vida asomándose al encierro
a los acantilados de una isla llena de horizontes
a las penumbras de la tarde
a los símbolos de un dios sin esperanzas
a la conformidad trazando ciudades posibles
y las angustias mismas de un tango
de un ángel vestido de transeúnte
cuando Nadie cruza por estas calles
de hoy.


sábado, 28 de abril de 2007

Poeta en el restaurant

Francisco (Paco, Paquito) Mir (Banes, 1953 - Nueva Gerona, 1998), era uno de esos seres para quienes entre poesía y experiencia vital no hay límites palpables. El buen humor y el entusiasmo proverbial que lo caracterizaban quedaron bien plasmados en la poesía que pudo hacer y publicó: Proyecto de olvido y esperanza, 50 págs., 1981; Las hojas clínicas, 47 págs., 1985; Espacio habitable, 12 págs., 1990; Pianista en el restaurant, 120 págs., 1990.

De este último volumen, ha dicho su editor, Luis Marré:

Pianista en el restaurant, sin soslayar la delicadeza intimista de Las hojas clínicas, nos muestra una apertura hacia temas más impersonales pero tocados siempre de un peculiar —personalísimo— lirismo.”

Estos breves poemas pertenecen a dicho poemario.

OXÍGENO

Tengo el conflicto del pez
que grita una burbuja en su garganta.
No iré a tu boca
mi sitio es la nube que te esconde.

DIALÉCTICA

Me he acostumbrado al blanco
a las sábanas sin ti.
Conozco la miel que resbala
en los límites de la esperanza.
He visto a las hormigas regresar desesperadas
sin sus cargas preciosas
y a los gatos padecer la soledad de los techos.
Viví en el polvo
de allí vengo estropeado por tanto silencio
respiro a pesar de todo
y pronto estrenaré zapatos nuevos.

AVES

Imagínese todo el viento atestado de aves.
Imagínese que usted no cabe parado
ni dentro, ni fuera de la casa
y que un multitudinario aleteo lo aplasta y
aprisiona.
Imagínese que dando vueltas alrededor de la
tierra
no existe órbita, ni atmósfera sino aves
que no existen sonidos sino el chasquido de
picos contra picos.
Imagínese que se abra un hueco, intransitable
por el que sólo pasarán entre todos los hombres
aquellos que sean músculos capaces de la luz.
Imagínese que usted no quepa por ese hueco.

NUEVO TESTAMENTO

Ni un minuto a mi final
viviré porque voy en los árboles y el agua
las flores blancas.
Encontraré a Rimbaud en la profundidad de
una piedra pequeña
cerca del mar, en mi país.
Seguiré tomándole tragos a la botella donde se
hundieron tantas
ideas
y habrá quien me vea cruzar las tres de la
tarde.
Ni un minuto a mi final
que no me aplaudan
quedaré sobre los lirios nombrándolos a todos.

sábado, 31 de marzo de 2007

En nombre de muchos


Leí esta frase en un artículo publicado en Cubista Magazine: "Estamos desperdigados como granos enfermos; granos secos que se han separado fermentados del conjunto."

Leo en la contraportada del libro que nos ocupa:

“Eugenio Rodríguez nos propone, en el nombre de alguien, una poética donde se indaga por la esencia del hombre, donde duele esa persistencia de vivir, sólo por roer, donde el poeta siente que él mismo se engendró en un acto que no tiene ni siquiera el consuelo de ignorar. Leer estos textos marcados por la búsqueda es una forma de constatar, otra vez, que nadie es inocente.”

Eugenio Rodríguez nació en la capital cubana en 1967. Es Licenciado en Lengua y Literatura Francesas por la Universidad de La Habana. En el nombre de alguien mereció el Premio David 1995. El jurado estuvo integrado por Ángel Escobar, Carlos Augusto Alfonso y Reina María Rodríguez, la autora de la frase citada.

En el nombre de alguien comienza con este texto sobrecogedor:

Antes que el cielo han ensombrecido las aguas, los
añicos y la muchedumbre. Sobre el asfalto, las páginas
de un periódico se arremolinan sin que se advierta
cómo se volvió púrpura el presente. Desde aquellos
edificios han visto caer el día igual que yo: quién sabe
dónde. Pero a las cosas nos une algo más que la
mirada, cuando cae la noche y no sabemos si es cara o
cruz. Dejé de ser la imagen, el rehabilitado que abre-y-
cierra la boca bajo palabra por temor a la quemadura, al
salitre que nos hace rogativos junto al árbol.

Muy pronto el momento es uno por la ventana y los
que extienden sus brazos, muchos frente a ella. En
cambio, tú dudarás acerca de mí. Qué palabra mía te
hará sentir las voces con el mismo órgano que las
escuchas, si un lugar en la mesa donde poner los
codos obliga a encontrar de nuevo escarcha en el
fondo de los vasos,
esos que se beben
tan parecidos al declive.

Aquí oyen los gones del tiempo
en una dirección que seca los labios
Qué ha sido de nosotros en estos confines
hechos para lastimar los sesos y la hierba
qué del pasillo hacia lo vulnerable
que dejan las sospechas en el hombre

Por más que uno se quede
la palabra “adiós”
está en la palma de la mano
Desde ángulos distintos
el mismo objetivo no es ya el mismo
y algo que se corresponda
nunca es algo
en lo que podamos confiar

La desnudez no la trajo el agua
sino la tersura del frío
cuando se apoya en las mejillas.
No es el puente
lo que media en adelante
ni la herrumbre
ni el estiércol
sólo esta forma en la oquedad
lo indecible que aleja los trenes
bajo el arco de las cejas

Parece justo que un mortal caiga
y luego
en la maceta de su cráneo bostece un girasol

Para mí
alguien que añade migajas al pozo
es quien supo voltear las hojas
Uno tanto ha seguido a los semejantes
como si ellos buscaran reconocer
aquel indicio que le dura al hombre
después de pasar bajo los puentes

sábado, 10 de marzo de 2007

EL DÍA SIGUIENTE DE NUESTRA INFANCIA


Abel Germán Díaz Castro nació en Morón, en 1951. Poemas suyos aparecieron en numerosas publicaciones cubanas y extranjeras. Es autor de Curiosidades, (Editorial Extramuros, 1986), El cubo de Rucbick, 1991, y el libro que nos ocupa, en el que “a través del interminable hilo de la infancia, llegan y se agolpan los recuerdos de la niñez y, un poco más acá, los de la juventud, que no desdeñan las añoranzas de ese frescor alucinante de la edad menor.”

De El día siguiente de mi infancia (Editorial Letras Cubanas, 1987), son los siguientes “sencillos, suaves”, pero, sin dudas, conmovedores poemas.

ESA ÚNICA FOTO FAMILIAR

reconozco esos naranjos
al padre con la gorra gris
y a la madre
con la mirada triste

pero quién es ese muchacho
que la familia confunde hoy conmigo?

ese muchacho
de rostro redondo
y con ojos
hermosamente
ciegos?


EL EXAMEN

lo más terrible
sentarse
con las cuentas pendientes

poner los caminos en la mesa
una a una las decisiones más graves
y las menos graves

lo alegre
lo triste
lo valiente

hacerse un prolijo examen de conciencia
y quedar desaprobado.

sábado, 17 de febrero de 2007


Rafael Alcides Pérez (Barrancas, 1933), es autor, entre otros, de los poemarios La pata de palo, (1967) y Agradecido como un perro, (1983).
“Fabulación rica en imágenes y leyendas envuelve este sueño de los años y surge una y otra vez como parte constante de la conciencia —señala el editor del libro que nos ocupa—. Es Noche en el recuerdo una dualidad simbólica que perdura más allá de la muerte y de las cosas innombrables, la memoria que renace y se reencuentra para, al final, demostrarnos que seguimos ahí, en ese punto que nos marcó de amor, nostalgia, alegría y tristeza.”
En un artículo publicado en la revista Encuentro, el también poeta Manuel Díaz Martínez se refería al autor en estos términos: “Rafael Alcides atesora aún —vivos están en su conducta y su escritura— las rebeldías y anhelos que una vez fueron las divisas de nuestra ya desmantelada generación. No debe extrañarnos, pues, que este Ulises caribeño siga soñando, en la gruta de Polifemo, con llegar a Ítaca. A través del Atlántico lo descubro, nauta de porfiada dignidad, resistiendo los cantos de las sirenas en un cenagoso mar de traiciones y claudicaciones.”

De Noche en el recuerdo son los siguientes fragmentos:
III
...

Vi rodar cabezas con el pelo perfumado,
vi almas arder en una hoguera más grande que el
mundo,
vi pestes, guerras, naufragios, príncipes envenenados,
vi cadáveres ardiendo en la pira como lechones que
murieron de pintadilla,
y ¡fuego!,
siempre fuego alrededor del hombre vi.
¡Fuego en los Cielos y en la Tierra!
También vi de cerca el oro, y lo estudié.
Vi pasar los imperios y las famas,
y como recuerdo de todo lo que vi
me llevé un puñado del polvo de lo que había sido
una piedra monumental y perdurable en otro
tiempo.

XV
...

Así como guardas mi infancia, guárdame, Noche,
cuando me muera. Protégeme entonces de la
soledad.
Acompaña y vigila, sobre todo, mi recuerdo en la
tierra.
Me quiero eterno sobre tus cascos, infinito y eterno
como entonces,
galopando por los aires, entrando como el aire y la
luz en todas partes,
en un Barrancas y en una infancia sin ocaso.
Las ilustraciones son de Fayad Jamís.

(Tomado de Noche en el recuerdo, Editorial Letras Cubanas, La Habana, Cuba, 1989)

martes, 9 de enero de 2007

TERRIBLEMENTE ILUMINADA

Chely Lima (La Habana, 1957), no es una poeta cualquiera. No es juego la palabra en su lengua. O es en serio. Quema, hiere, desviste su verbo. Todo en dosis muchas veces mortal, siempre definitiva.
Su obra, ampliamente reconocida por la crítica, incluye, además de poesía, cuentos, novelas, guiones para la televisión, etc.
"Terriblemente iluminados", el libro al que pertenece el siguiente poema, un texto clásico de la autora, apareció en La Habana en 1988, tres años después de haber recibido la Primera Mención en el concurso anual de la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba).

ALA Y ALA

Imagínate que estamos apretados
y está a punto de ser nuestra gran noche.
Por la ventana empiezan a invadirnos
antiguos clavicordios, dinosaurios,
planetas sin vegetación, güijes tardíos
y toda esa muchedumbre que nos mira
comenzar el ritual
de redondear tu frente, besarte la espalda
y grabarte los dientes en un muslo febril;
toda esa muchedumbre se agita,
brama encendida y cruje en gigantescas
floraciones.

Descendemos a un círculo infernal.

Imagínate que encuentro tu sandalia
en mi inicial expedición de arqueología
y a partir de una huella
reconstruyo tu rostro y tu pene,
o me hago parásito afín de tu garganta.

Descubro la forma de crucificarte
cara al techo
y nos cuesta la resurrección un largo orgasmo
de anís y de centella.

Imagínate esta primera historia
real, si no te hubiera visto, si no te hubiera escrito.
Si no hubiéramos chupado el mango mítico de Adán:

Qué haríamos con la Tierra
de tal forma poblada y despoblada.

La ilustración de la portada es del también poeta Alberto Serret.

sábado, 2 de diciembre de 2006

ESCRITO A LOS VEINTE AÑOS


Andrés Reynaldo (Calabazar de Sagua, 1953), andaba por los veinticinco años cuando escribió cosas como “El amor no se aprende, se padece”, “El recuerdo es la distancia más frágil”, “Los ruidos que hacían el silencio se hacen ruido”, “Agosto queda sobre la isla que amanece”,... Por esos y otros tantos versos fue premiado en La Habana, en 1978, por un jurado que integraban Minerva Salado, Luis Marré y Osvaldo Navarro. “Escrito a los veinte años”, el cuaderno en cuestión, es, como señala el editor, “poesía espontánea que encuentra su lenguaje en las palabras sencillas y las emociones grandes”.



LA LLEGADA

La Habana estuvo grande a mis sueños.
Papá sonreía cual un mago en difíciles prodigios.
Era un tiempo a morir según vivieras.
La tarde dormitaba en los andenes y no sabíamos qué hacer,
a quién preguntar si a las ocho faltarían los tíos con historias de güijes
y el tren no dejara en las mañanas un olor a distancia entre palmares.
Mamá con su mirada de quien pierde el mundo.
Había que iniciar otra memoria y no aprendíamos.
Ya no fue más jugar con María Julia a romper el arcoiris en el río
y galopar la lluvia del portal donde abuelo meciera la soberbia.
Las maletas traían los adioses: las cazuelas de lamentado brillo,
el viejo radio roto, un juguete, las medias que abuela tejió con su silencio.
Si llevo amarguras serán de aquel diciembre.
Fue una llegada con temblor de partida.

ACERCA DE

Alguna vez el tiempo duele y es preciso mentir,
y ya del otro lado, tocar como uno quiera los recuerdos.
De maravillosa importancia son así una carta desde siempre,
una llamada, un gesto, un color cualquiera de la tarde,
un trago entre palabras amigas, una buena película,
en fin, todos los posibles sortilegios
que ayuden a ganar la orilla opuesta.

Andrés Reynaldo obtuvo en 1987 el Premio Letras de Oro de la Universidad de Miami por su libro La canción de las esferas.

sábado, 11 de noviembre de 2006

Allí estábamos todos


En un artículo publicado en la Revista Hispano Cubana, el también poeta Pío E. Serrano, al referirse a los rasgos característicos de la poesía de María Elena Cruz Varela (Colón, Matanzas, 1953), escribía:

"Si hasta la década del 70 la poesía se mueve desde la Historia al individuo, reduciendo al poeta a una posición ancilar, cuando no cómplice, ahora se provoca una inversión, la escritura avanza desde el individuo, el sujeto poético, a la Historia, con una mirada más cercana, inmediata y lúcida. La visión personal, al tiempo que afiladamente crítica, redescubre la intimidad y dota al poema de un espacio autónomo, lejano ya de la aquiescente voz coral."

Afuera está lloviendo fue publicado en 1987. A él pertenecen los siguientes textos:

Caleidoscopio
Allí estábamos todos:
el que cayó marcado por la tromba
el que arruinó su estampa por inepto
el que no abrió una brecha
y violó la ciudad en estado de sitio.
El que sufrió el pecado de la clarividencia
el que abonó con heces estrambóticas
el que no pudo dar más clavos al martirio
el que no llegó a tiempo a las demoliciones
el que llegó temprano
el que no vino
y le basta decir que no se le informó.

Allí estábamos todos:
los inocentes por desconocimiento
y los culpables por legal ignorancia
los cómplices más cultos
los que se alimentaban de prejuicios
los más elaborados
los más cíclicos
los cantores de tono rezagado
los ciegos a fuerza de no querer mirar
los sujetos acríticos
los críticos sujetos a sus dogmas
los denominadores con sus tábulas rasas
los fachadas invictas
los espaldas marcadas.

Allí estábamos todos
esperando medallas y sentencias.

Las memorias

Yo no le quedo bien a mi ventana
no le ajusto
porque perdí mi lucidez de acequia.
No quisiera estar triste
y sin embargo
pájaro medieval que adivinó el futuro
bailé violentamente sobre el filo del hacha.

Hasta cuándo será
hasta dónde será mi propia lejanía
mis traspiés, horóscopos viciados
mi angustia
cada vez más digestiva.

Si supieran
hermanos
qué perfil más borroso estoy lavando
como prenda legítima
y cuánto se me pierde en lontananza
cuánto y cuánto me observo desde lejos
y tan poco me gusto
y cuánto diera al fin por restaurarme
y restañar la cuenca de mis ojos con esmalte purísimo.
No es de malas memorias de lo que estamos hechos
es de memorias simples
pero mal compartidas.

Cruz Varela es autora, además, de los poemarios Hija de Eva, (Premio Nacional de Poesía, 1989), El ángel agotado (1992), y La voz de Adán y yo (2001).

martes, 10 de octubre de 2006

La aguja en el pajar

Marilyn Bobes (La Habana, 1955) fue premiada en 1979 por este, su primer libro. El jurado estuvo integrado por Félix Pita Rodríguez, Eduardo López Morales y Carlos Martí Brenes. En la contraportada del volumen, editado por el también poeta Miguel Barnet, se resaltan valores innegables de estos versos, poesía “limpia y traslúcida, donde la huella de lo vivido junto a la irradiación de las palabras crean un cuerpo armónico habitado por pájaros y árboles, poetas y ciudades.”
Los dos poemas siguientes acaso sean los más conocidos del libro. A pesar de eso, o tal vez por esa misma y poderosa razón están aquí.

ARTE POÉTICA

La aguja con que hilvano estas palabras
la encontré en un pajar.
Es su destino laborar el lienzo
con la terca paciencia de quien sabe
que el desastre de un hilo
puede arruinar la magia del bordado.
Es una aguja racional:
zurce hábilmente las desgarraduras,
refuerza los botones desprendidos
a la camisa del amor más esperado;
armoniza la urdimbre de esta tela
casi enhebrada al hilo de los años.
No es una aguja de cambiar la vida
pero su trazo puede hacer un mapa.

Limpia y usada, la encontré en un pajar.

TRISTE OFICIO
Poetisas, dijeron.
Serán tibias
y falsas
y pequeñas.
Aunque seres livianos,
no tomarán altura porque son imperfectas.
Pero si alguna toca en la palabra
como el burro en la flauta
postulemos que es mucho hombre esa mujer
y no
que es mucha mujer un ser humano.
(No una mujer nacida de la sombra
donde seremos siervos o señores.)
Y pensemos después cómo callarla.

sábado, 30 de septiembre de 2006

Carilda en orden


Carilda Oliver Labra (Matanzas, 1922), según anotaba el poeta cubano Agustín Acosta en el prólogo a Libreta de la recién casada (1955), "no se parece a ninguna otra poetisa. Lo espiritual cotidiano es motivo casi constante de su poesía. No importa que la impresión de un hecho vulgar carezca de espiritualidad: ella le comunica la suya, y el hecho aparece espiritualizado."
José Ángel Buesa, poeta popularísimo y amigo de Carilda, escribía en el prólogo a Memoria de la fiebre (1958): “Carilda Oliver Labra es un alto nombre de la poesía cubana actual. Más allá del nimbo momentáneo de los premios literarios, tan polémicos siempre, su nombre ha ido creciendo junto con su poesía, a la vez simple y complicada, como producto de una fusión de lo instintivo y lo consciente.”
Y más recientemente (2002), en el prólogo a Error de magia, el reconocido poeta cubano Virgilio López Lemus escribió: “Por ser poeta legítima, poetisa de cuerpo entero, de corazón militante en el fuego de la poesía, ella transforma lo que en otras manos imitativas puede ser cursi o fugaz o frívolo o demasiado ardiente o excesivo y hasta vulgar, en legítima poesía que se manifiesta mediante lo cotidiano, aprovechando recursos de varias escuelas o corrientes poéticas y filtrándolos todos en su interés elemental expresivo emocional amoroso.”
Transcribo dos textos clásicos de la poetisa, Premio Nacional de Literatura en 1997:
ME DESORDENO, AMOR, ME DESORDENO
Me desordeno, amor, me desordeno,
cuando voy en tu boca, demorada,
y casi sin por qué, casi por nada,
te toco con la punta de mi seno.

Te toco con la punta de mi seno
y con mi soledad desamparada;
y acaso sin estar enamorada
me desordeno, amor, me desordeno.

Y mi suerte de fruta respetada
arde en tu mano lúbrica y turbada
como una mal promesa de veneno;

y aunque quiero besarte arrodillada,
cuando voy en tu boca, demorada,
me desordeno, amor, me desordeno.

(1946)

AYER

Íbamos caminando.
El parque estaba lejos;
lo acercábamos con nuestros quince años.
Aún no me ponía medias,
besaba a todos antes de acostarme.
Mi rostro era pálido como luna nueva
y tenía pocos trajes.

Llevaron al muchacho que me amaba
para la clínica,
pero yo no me di cuenta de nada.
Esa noche fui al cine
y me sonó el corazón como una ráfaga.
(¡Pobre Tyrone Poower!)

Entonces reunía versos mediocres,
cuentas de collares,
alas de bichos,
postalitas,
esperanzas,
y quería ser culpable de un gran amor.

Conspirábamos —baja la voz—,
inventándolo todo.
Ya tenía que escribir a veces
(en las últimas hojas de mi libreta)
cuando estaba triste,
cuando me sucedían cosas importantes
y negras.

Todo estuvo bien hasta que la lluvia
un día
me pegó la ropa
y yo vi a un hombre que me miraba fijamente
al pecho.
corrí a casa,
curiosa,
y me desnudé por primera vez ante el espejo.

Desde entonces tengo miedo.

(1945)

sábado, 26 de agosto de 2006

Sigfredo Ariel


SIGFREDO ARIEL, (Santa Clara, 1962), ha publicado, entre otros, Algunos pocos conocidos (1987), El enorme verano (1995), El cielo imaginario (1996), Las primeras itálicas (1997) y Hotel Central (premiado en La Habana en 1998). En su voluminosa producción, desde el propio inicio merecidamente elogiada, traducida, y publicada en gran número de antologías y revistas del medio, no hay concesiones de ninguna índole: ni temáticas, ni formales... El poder de evocación de su obra, en repetidas ocasiones resaltado por la crítica, tal vez no le deba tanto a los asuntos en sí como a la fuerza de su vocabulario.
Este poema pertenece a Los peces & la vida tropical (Editorial Letras Cubanas, La Habana, Cuba, 2000)

LOS ACRÓBATAS

Conocen al menos la esperanza
de una muerte simple, esa ceguera
los acerca a Dios.

En torno están fumando
los padres de familia sus cigarros rubios.
Las niñas cogen grandes bocanadas del vacío
se aferran nerviosas del hilo del balcón.
Por suerte nos conmueve todavía
la muerte elemental
los boleros morunos
las interminables loterías.

Esa gente que sube perseguida
por un chorro de plata
han llegado a los colmos de nuestra aspiración

están en el lugar que nos tocaba

traídos y llevados por la música
no por mecanismo de reloj ni miedo
al hombre ni miedo de uno mismo
conocen la alegría del final del salto.

Esa esperanza los acerca a Dios.

miércoles, 9 de agosto de 2006

Testigo de nuestros días



Alejandro Fonseca (Holguín, 1954), mi viejo amigo Y GRAN POETA ha recibido un número considerable de reconocimientos por su sólida obra: una poesía ajena a modos y a modas, vertical, siempre ascenso. Libros suyos aparecieron en su ciudad natal y en La Habana, Cuba (Bajo un cielo tan amplio, 1986; Testigo de los días, 1988; Juegos preferidos, 1992; Anotaciones para un archivo, 1999), en Madrid, España (Advertencia a Francisco de Quevedo y otros poemas, 1998), y más recientemente en Miami, Estados Unidos, de donde me ha llegado el título que ilustra esta nota, y del cual extraigo, orgulloso, el siguiente breve pero intenso texto:

LO POCO QUE DEL MAR LLEGA

En la escenografía iconoclasta de mi casa
ignoro cualquier complaciente predicción:
transcribo y atesoro aquellos nombres
que todavía desandan por la gruta lamentable.
En la casa comienzo a estrenar los rincones
respiro lo poco que del mar llega
y contra los paredones de la noche
he ido aprendiendo a ejecutar mi sombra.

Este otro poema pertenece a Testigo de los días, "resultado de una rica experiencia poética donde el rumor oculto y lejano de la palabra ilumina lo que el poeta evoca: infancia, amor, familia, ciudad. Todo lo que fue o transcurre. Aguas que confluyen y se transparentan en el poema."

A TRAVÉS DE LA VENTANA

No es la prisa de los árboles
lo que veo a través de la ventana
Árboles y rostros
que se dibujan incontrastables en el cielo

Mi madre a los cuarenta años reía
los amigos y yo
con infatigable paso
anduvimos tras el intento difícil
de decirlo todo

En los libros tocamos
la superficie soberbia
de ciudades donde la guerra
había puesto sus nombres

Contra la noche
esgrimimos las mejores preguntas
Algunos de sus espejos
no fueron precisamente turbios
ni hicieron sospechosa nuestra imagen
Caminos desconocidos
se ofrecieron ante los ojos
en un tiempo en que no vencimos
largas extensiones
El jardín iba quedando atrás
envuelto por verjas enmohecidas
inmenso como para sentirse
fuera sólo por una noche
El jurado que premió Testigo de los días estuvo integrado por Guillermo Rodríguez Rivera, José Luis Moreno y Francisco Mir.

sábado, 5 de agosto de 2006

Escrito sobre el filo


“Escribo sobre la cresta de las palabras. Sobre el filo.”, dijo alguna vez Severo Sarduy (Camagüey, 1937 – Paris, 1993).

El último de los modernos, según algunos estudiosos, además de novelas como De donde son los cantantes, Cobra, y Maitreya, que le dieron merecido renombre internacional, es autor de poemas no menos celebrados como los incluídos en Big Bang y en Un testigo fugaz y disfrazado.
“...como otros desterrados, Sarduy siempre vio a Cuba más allá de Cuba, como una isla que se reproduce en las más distintas latitudes, y por eso no dudó alguna vez en ponerle nieve ni plantaciones de té. Voraz, plural e integradora, su experiencia del mundo fue, en este sentido, una prolongada ‘vivencia oblicua’ al lezámico modo y su obra, no sólo un discurso del bricolage estructuralista sino una sabrosa cocina del ‘ajiaco’, como diría don Fernando Ortiz.”, señaló Gustavo Guerrero, coordinador, junto a François Wahl de “Severo Sarduy, Obra Completa”.

RECUENTO

Ya no soy el de ayer, el tiempo pasa.
Mi verso se ha tornado transparente.
Por las tardes me vienen de repente
bruscos deseos de volver a casa.

La pasión que ensimisma y la que abrasa
se alejaron de mí; ahora es la mente
quien disfruta, nocturna indiferente,
con los cuerpos que el día me rechaza.

No deploro el amor, que me fue ajeno;
sino el deseo, que redime, invierte
y modifica todo lo que toca.

Escrituras, pasiones y veneno
faltaron a mi vida y a mi muerte.
Y el roce de unas manos, y una boca.

MORANDI
Una lámpara. Un vaso. Una botella.
sin más utilidad ni pertenencia
que estar ahí, que dar a la consciencia
un soporte casual. Mas no la huella

del hombre que la enciende o que los usa
para beber: todo ha sido blanqueado
o cubierto de cal y nada acusa
abandono, descuido ni cuidado.

Sólo la luz es familiar y escueta,
el relieve eficaz; la sombra neta
se alarga en el mantel. El día quedo
sigue el paso del tiempo con su vaga
irrealidad. La tarde ya se apaga.
Los objetos se abrazan: tienen miedo.

(De Severo Sarduy OBRA COMPLETA, ALLCA XX, Paris, Francia, 1999)

lunes, 31 de julio de 2006

Apuntes para el tiempo


Tania Díaz Castro (Camajuaní, 1939), tenía 25 años cuando publicó "Apuntes para el tiempo". Se lee en la solapa: "Estos Apuntes... tienen la virtud _es un decir_ de surgir como brote temprano, fresquísimo, espontáneo. Su lectura, más que un 'alivio de caminantes' es como un tizón. Y si bien despide luz también es muy capaz de abrasar los ojos."
De vez en cuando vuelvo a estas páginas. Y continúo asombrándome: cuarenta años después de haber sido publicados, estos poemas continúan tan jóvenes, tan ardientes como el primer día.

DEL SUEÑO...

2

Después que nos conocemos la pupila,
el labio, la mejilla,
¿para qué el espejo?

Yo sé mi cara los domingos.
La conozco bien como si fuera mía.
La sé por las mañanas despeinada.
La sé esta noche en vela, cuando triste...

La sé.
Siempre la sé.
La conozco a veces como si fuera su madre adoptiva.
Y la rescato cuando se me escapa
como hoy y va en tu busca
y se aprisiona como un perro fiel sobre
tu pecho sudoroso de amor;
detrás de tu sonrisa;
de la humedad visual;
del silencioso día que vemos más allá de
los ventanales donde se nos asoma
la breve felicidad tan conocida.

(De Apuntes para el tiempo, Ediciones R, La Habana, Cuba, 1964)

sábado, 29 de julio de 2006

Secreto y misericordia



Manuel Díaz Martínez (Santa Clara, 1936), es poeta de palabra precisa, certera. Se han señalado ironía y humor en sus versos. Y sí que los hay. Pero si algo predomina en su copiosa obra no son precisamente los juegos de palabra. Su mayor preocupación es el hombre, los malabarismos de ese adorable circo que llamamos vida.

MISERICORDIA

El odio a todos nos castiga.

Misericordia,
pues, para todos los que odian
y para los que son odiados,
para alos padres furibundos
y sus pálidos hijos,
para el bilioso y quien lo sufre.
Misericordia
para el hombre convertido "en tierra,
en humo, en polvo, en sombra, en nada"
y para los que alguna vez hemos contado,
con dedos temblorosos,
siglos y siglos de barbarie.

SECRETO

No quiero ser de carne y hueso y lágrima.
No quiero ser este ruidoso cuerpo
que cruje y me detiene ante el dolor
plantándome en el pecho sus rígidas
pezuñas.

No quiero ser ceniza mojada
ni polvo soplado
ni piedra sin camino.

Quiero ser de algún barro que permita
tenerte, vida, de tal modo,
que nunca quede espacio entre tú y yo
para el hastío y la renuncia.

(De El carro de los mortales, Letras Cubanas, La Habana, Cuba, 1988)

viernes, 28 de julio de 2006

PÁJARO DE LA BRUJA


Soleida Ríos (Santiago de Cuba, 1950) "asumió su papel entre los vivos" siendo ella misma un hermosísimo poema. En Soleida, como en toda su obra, "el sentimiento se impone a la palabra". Con buen recuerdo, como escribió un día del lejano 1980 al dedicarme un ejemplar de este poemario, transcribo aquí un texto que difícilmente alguien, entre los entendidos, no conozca.

Pájaro de La Bruja

I
El pájaro nació del filo de un machete.
Nada tiene que ver con el sinsonte
el choncholí o la torcaza triste.
Nació, repito, del filo de un machete
no de la hueva blanca de una pájara vieja.

Ni alondra he dicho
ni quetzal
ni el aura ansiosa tras las últimas huellas.

Vive en el canto de La Bruja, allí es su nido.
Canta como los pájaros del mar y los del monte.
Arría las mulas. Y en mal tiempo
vuela implacable sobre los guanos de un bohío
y entonces alguien tiene que morir.

De marzo a octubre el pájaro es culpable.
Si cae un rayo en medio de la palma
si se desborda el río
si una décima viene lejanísima
con el aroma del último café
siempre _de marzo a octubre_
el pájaro es culpable.

II
Dicen que como fiesta mágica hace tiempo
unos compadres se vieron una noche
cerca del canto de La Bruja.
Que allí sacaron la enorme botijuela
que era un secreto de los dos
en nobre de los hijos.
Dicen que algo se puso en el lugar
donde la hombría se rompe, no se sabe,
que halaron los machetes.

III
El pájaro nació en el último escalón
violento del corazón dentro del pecho.
Nadie lo puede ver,
pero ha volado por todas las lomas de la Sierra.

(De De pronto abril, Ediciones UNIÓN, La Habana, Cuba, 1980)

miércoles, 26 de julio de 2006

Fragmentos a Eloísa


José Lezama Lima (1910-1976), el autor de las novelas "Paradiso" y "Oppiano Licario", es autor, como si fuera poco, de por lo menos tres poemarios sin los cuales no sería posible escribir la historia de la poesía cubana: "Enemigo rumor" (1941), "Dador" (1960) y "Fragmentos a su imán" (1977).

El también poeta Emilio de Armas, en el prólogo a la edición de su poesía que hizo Ediciones Cátedra en el 2000, señaló:

"La obra de José Lezama Lima es una de las más complejas e inquietantes que hayan sido realizadas en la lengua española. Su urdimbre verbal, asentada en la formulación de un sistema poético en el que la imagen aparece como sustancia de la voluntad creadora, atrajo sobre ella, desde el principio, una admiración y un rechazo igualmente apasionados, y levantó un valladar casi infranqueable a la comunicación entre el autor y muchos de sus lectores inmediatos. Afirmándose ante las críticas y la incomprensión que lo acompañaron durante casi toda su vida literaria, Lezama erigió en torno suyo una prodigiosa edificación textual donde la poesía, el ensayo, el cuento y la novela se estructuran alrededor de un centro que, a la manera de esos «agujeros negros» en que parece confluir el Universo, atrae irresistiblemente por su pavorosa densidad."

Mucho se hablado y se hablará sobre la obra de Lezama Lima, monumental, complejísima, única: un canto sin fin a la propia palabra, al acto privado y egoísta de escribir.
ELOÍSA LEZAMA LIMA
Una sonrisa que no termina.
Una sonrisa que sabe terminar admirablemente.
La sonrisa se agranda como la noche
y los ojos se reducen a una pequeña piedra
escondida. Calidad de un mineral
que se guarda en un paño de aceite
milenario: Saber reírse y dar la mano.
Las pausas y los hallazgos de la risa
transcurren con la sencillez de una silla pompeyana.
la mano ofrece la brevedad del rocío
y el rocío queda como la arena tibia del recuerdo.
Ofrecerá así siempre la sencillez compleja de la risa
Y el acuoso laberinto de su mano en el sueño.

(Tomado de José Lezama Lima, Poesía, Ediciones Cátedra, S. A., Madrid, España, 2000; la ilustración de la portada es obra del propio poeta. El retrato del poeta es obra del pintor cubano Mariano.)

martes, 25 de julio de 2006

La Reina cómplice


A Reina María Rodríguez (La Habana, 1952) se le amó siempre por diversas razones. Por una de ellas, su poesía, recibió, además, varios, importantes recocimientos. Poesía sencilla, próxima, donde brillo y mancha se miran en el mismo espejo, fieles al hombre próximo, sencillo, al que se deben.
Aquí les dejo un texto ya "clásico" de la autora:

REMORDIMIENTOS PARA UN CORDERO BLANCO

no me puedo librar de ese ojo
que mira desde el cuadro
mis imperfecciones.
toda mi culpa de vivir
y querer
inventándome.
me estoy buscando
y tengo miedo
casi un miedo fanático
de haber sido cómplice
inacabada
porque también sonreí cuando quería matar.
mis mentiras son sueños
agua que no nadé
y este vicio
este vicio de mariposas
un solo día volando sin cesar
luego polvillo oscuro sobre las violetas.

perdóname ojo de mi cordero adolescente
si en estos años te engañé
y pude ser
diferente.

(De Para un cordero blanco, 1984)
 
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